lunes, 24 de febrero de 2020

Lluvia de amor

     

Si tu mirada avizora trigales hermosos, mis ojos se inundan de espigas doradas, amor
y cuando al narciso lo revives hoy, con esmero y orgullo lo cubro de riego.
Si osa la lluvia mojar tus cabellos, uno a uno los evaporo con mis besos, mi vida.
Mecida alegre sin prisa quedo si el viento con tus jardines juega.
Si tu cuerpo se dobla hacia un niño mimar, mi regazo con ternura lo acoge y
su llanto para mí es un encanto si sus lágrimas embebes con dulzura.

Cuando tus dedos en mi pelo se entrelazan, remueve el amor inmenso de mi alma y
mi piel palidece a tu caricia serena, si tus manos en mi mejilla encendida se posan,
 la pasión prende en mi vientre y mi boca ansiosa demanda urgente un beso
atrapando tu cuerpo con desesperación fogosa.

Si tus pasos avanzan anhelando al mundo paz,
por la misma huella de ese sendero, estoy.
La palabra amor a la humanidad entregas
el eco amoroso me llega… Amor.
Si con el tiempo la nieve cubre tus sienes,
seremos dos… Amor.


Con paso cansino agradecido transitas ya en la vida, seré tu báculo y tu sombra.
Si tu voz clama, Padre nuestro que estás en los cielos
sólo diré, hágase tu voluntad Señor.
Si a mi lado se cierran por siempre tus ojos cansados
Mis párpados contentos se rendirán a tu lado… Amor.


martes, 11 de febrero de 2020

Desdoblando el Ayer


Desdoblando los guijarros de papel, en lo albo que quisiera
poseer, una a una en ráfagas van saliendo,
del olvido al presente…, velozmente.
Evocando del tiempo, un retazo, mi andar tapizándose fue,
de alegres y fragantes narcisos, con amor, alegría, ternura y fe.
Uno a uno, rocíos de ensueño, inundaron con ternura mi valle, vislumbrando caritas hermosas, bendecidas por Dios, nuestro Padre.

Alboradas veloces pasaron, con brillantes jornadas de luz. Y en corazones tiernos se anidaron, mi amor, mis sueños y tú…
Mecida al compás de mi dueño, tiempos de sublime belleza,
mágico mundo de ensueño, dicha incalculable y perfecta.
Miles de albores bendecidos, miles de alegrías perfectas.
¡Desbordada, a raudales estaba la copa...!

Relajada y soñolienta, sin peligros advertir
disfrutaba lo logrado y asumía proseguir.
Suspirando grácil, conforme en mi espera
malezas encontraron fácil un cuerpo donde trepar.
Perversas y aciagas manos, todas queriendo horadar,
por costumbre y sin sentido, solo por quererme dañar.
Horda, sutilmente la valla penetró, acechando con ojos viriles…
¡Vaticinio de desolación!
En silencio y con premura, malos pasos hundieron mis huellas…,
y arrebataron sin compasión, mi orgullo, tesón y cordura…

Alma al viento, alma desnuda.
¡Cómo te quisiera proteger…!
Sufrimiento sin descanso, sin tiempo olvidaré.
¿Será que el destino quiere, mi cuerpo sin alma viva?
Alma al viento… ¡Vuelve a mí…!
Amor, vida mía…  ¿Dónde estás?
Ángel mío…  ¿Puedes vivir sin mí?
Súplica en el vacío con el tiempo se perdió
Sollozante y en voz baja, mi amor también calló.
Yendo en la oscuridad cuidadosa de tropezar
Mirando, sin ver, oír sin escuchar…
Avanzo tenazmente, negras sombras por doquier,
cual telas que flamean al viento, cubren todo mi ser.
Viajando en el tiempo, siento la realidad,
buscando asidero, en la esperanza y la verdad.

Se hiló la vida suave, laboriosa y muy querida,
sin darme mucha tregua, a la paz o a la guerra.
Se tornó mi existencia larga y agradecida de Dios.
¡Por regalarme esta vida hermosa!

Ocaso inexorable, ¿Has llegado ya?
¿No puedes prolongarlo más…?
En amores yacer, sin imaginar…
¡Qué vacío siempre el final iba ser!
Deslizando los guijarros de papel,
del presente al olvido lentamente.
Querer estar presente en el olvido
¡Y no poder estar presente en el hoy…!




Temuco 12/06/2013.
CHILE.

Gritando en el desierto


Gritando en el desierto apenas llega,
el pálido reflejo de una voz,
vacilante, codicioso interpreto veloz
que tu amor, exiliado se allega.

Febril en mi locura acelerada
abrazador en mi deseo escapado,
en ramalazos azoto desesperado
¡La tierra en aflicciones consumada!

Acrecentando paso a paso el grito
que se ubica cristalino en mi garganta, 
un puñado de amor que se levanta  
y se funde en el confín de mi cerebro.

Contra el tiempo mi pasión se inflama
sedienta con proyección hacia el ocaso,
al amor alocado me arrojo en arrebato
¡Extinguiendo la hoguera que reclama!

Temuco junio 5, 2013.
CHILE.

OFICIO MILENARIO



Con las primeras luces del alba, Elcira y Pedro se levantaron. El aire salino acarició sus cuerpos al salir de casa en ese pintoresco lugar a orillas del mar, llamado “Fortuna”. Se tomaron de la mano y caminaron arrastrando sus pies en la arena para sumarse al grupo de gente de mar reunida, en cantidad, en ese lugar costero para compartir sus inquietudes y prioridades. Los niños ajenos a las preocupaciones de sus mayores, hundían sus manos en la arena sacando caracolas mientras mordisqueaban un pedazo de cochayuyo.
   La muchedumbre miraba el horizonte en busca de los botes que aparecerían trayendo el alimento. Sus ojos cargados de angustia y preocupación por la próxima decisión a tomar. Todos estaban con el mismo problema, el hambre y la sed era el hilo conductor. Estaban obligados a buscar la solución para satisfacer el hambre y la sed de sus humildes familias.   
   ¿Seguirían con su oficio mar adentro recibiendo migajas para sobrevivir? O ¿Se internarían en el campo arañando la tierra por agua para poder trabajarla?, o ¿abandonarían el lugar? Eran las preguntas que pendían sobre sus cabezas.
   El corazón de Pedro se encogía al ver la situación; la pesca no aportaba beneficios, se había extinguido el caudal potente que habían poseído sus anteriores generaciones y no obtenían el alimento necesario para acallar sus estómagos. Sumado a la escasez de agua, ya que muchos de los pozos se habían secado por el intenso calor, el panorama se veía oscuro, las familias estarían obligadas a tomar otro rumbo, con dolor del alma desaparecería su oficio milenario.

Ante esa disyuntiva Pedro se había adelantado, y trazado un plan que lo tenía atareado, de sol a sombra, en el interior de los arenales. A poco andar ya había removido bastante tierra a punta de chuzo y azadón, sonreía al ver una buena cantidad de metros verticales; lo ilusionaba la humedad que aparecía en el agujero, muestra clara que pronto encontraría el agua tan esquiva y deseada.
   Mientras comía, en su descanso, algo de su roquín que le preparaba Elcira: un poco de charqui con un pedazo de tortilla y su infaltable botella de muday (jugo de trigo natural) para remojar la garganta, echaba un vistazo detrás de las dunas donde golpeaba el mar y su corazón ardía en deseos de correr a su bote e internarse mar adentro, eso era lo que él manejaba hábilmente desde pequeño junto a su padre y tíos, no obstante, la búsqueda de agua lo retenía. Tenía que encontrarla antes que naciera su pequeño. Extenuado, ya anocheciendo agarraba sus herramientas, echaba su poncho al hombro y se dirigía a su vivienda.
   Caminando hacia los montículos de arena alzaba la vista hacia la playa, la curiosidad lo obligaba a cruzar. Ahí estaba el grupo de familiares junto a embarcaciones recién llegadas. Las mujeres como siempre en su tarea después de vaciadas las redes. Colocaban sus canastos para recibir algo de pescados y mariscos que, aunque era poca cantidad, mitigaría el hambre al menos por unos días.
   Pedro miraba con cara impasible la actividad que se desarrollaba. Ahí se divisaban las carretas con sus bueyes enyugados, en forma acostumbrada, para trasladar el surtido de desperdicios del hombre. Nuevo cargamento que traían los botes enredados en sus redes y que iban en aumento con el paso del tiempo. Asombrosa cantidad de basura lanzada al mar por manos irresponsables o en los ríos que, tarde o temprano sus aguas arrastrarían al mar. Las carretas, antes usadas para trasladar la pesca, habitual, a lugares acondicionados para su entrega de venta, ahora servían para llevar los desperdicios a un vertedero autorizado.

Pedro, con su cara curtida por el sol mirada ese mar que era su vida, pero que lentamente se evaporaba dejando una estela de preguntas y una herida que nunca sanaría. El aire salino secaba sus lágrimas que corrían por las resquebrajaduras de su piel morena.
   




FIN.

CHILE.


 2020-01-02-       




Miel untuosa


Aprisiona en tus recios brazos
mi cintura estrecha
y desliza por mi piel morena
tus manos ágiles y tiernas.
¿Sientes?
Descoloca tu pensamiento,
el palpitar de mi pecho ardiente,
trastorna…, la pasión desborda.
Puro deseo
tus labios atrapan mi miel untuosa.
¿Prende la exaltación? ¡Con un te quiero!
¡Amor, te quiero, te quiero!
La fogosidad y el amor sollozan,
ante la rebeldía del arrebato…
Al evaporarse el sueño y retornar el día.

Tco-2020-01-29-
CHILE.

En la vereda, vacío. (Relato de100 palabras.)


Tengo hambre y mi boca que ha saboreado tantos sentimientos y emociones diversas, las desea de corazón. La gente pasa indiferente; la civilización avanza, son otros tiempos.
   Desesperado con el sol en mi cabeza, permanezco solitario sin una mano con intención de abrir mi boca y colocar un bocado con sentimientos amorosos que alegre algún corazón a la distancia. Vacío, ya tarde-noche sigo desilusionado.
   En la otra esquina mi compañero hace morisquetas de felicidad. El cartero depositó en su ranura un sobre dirigido al niño que todos los días vigila el buzón. Su padre, al fin, le responde del extranjero.
  
2020-01-27-

TE SOÑÉ, TE ESPERÉ ¿CUÁNTO?


Junto al altar de los deseos
quedó la tierra prometida
repleto estaba de caricias y besos
y ella…, no llegó a la cita. 

De inviernos coronado
abarrotado de primaveras marchitas
sumergido en tristezas y beodo
recorro, estropeado, por la vida.

Te soñé, te esperé ¿cuánto?
Insistente supliqué clemencia,
estela perfumada borrada de un soplo.
Sin dolor espero me cubra la tierra humedecida.



Temuco 2020-01-20
CHILE.

La charca del barrio.


Para dos piececitos sedientos, la charca se hace estrecha,
chapotean, chapotean y no se quedan quietos
la llamada de mamá
los saca de su entretenimiento
él llora, gime e implora
lo deje otro ratito…
Ella mira acongojada la bicicleta del vecinito
estacionada enfrente de su vereda
el dinero no alcanza ni siquiera para un triciclo
mira a su hijo que con ganas golpea el agua
con un pie, con el otro, tranquilo con su pasatiempo
él no se altera, es feliz con el permiso que ella le entrega.
¡Oh cómo corre el tiempo!
Ya vendrán por los vestidos, las blusas y las enaguas
unos nuevos y otros, remiendos y con ese dinerito
juntos irán por las compras para la cena navideña.
De la mano de su madre el pequeñín sale contento
la charca de su barrio, seguro, lo esperará.

2019-12-21




¿CUAL ES TU PROBLEMA FLORITA?


Con sus párpados enrojecidos el brillo de sus ojos era intenso, fluían desde el fondo llamas encolerizadas e insolentes, con odio nacido de sus entrañas. Con sus mejillas sonrojadas bañadas de lágrimas, Florencia, no cesaba de darse golpes en su cuerpo, sus brazos elásticos derrumbaban todo lo que tenía a su paso en esa pequeña habitación. Trataba de cruzar por entre ese berenjenal que lastimaba sus piernas, pero no le importaba, quería sentir su cuerpo magullado, tanto, como las heridas que carcomían su corazón. Cansada, se sentó en la cama de esa pieza oscura y el llanto contenido se hizo ruidosamente presente.
   Esa oscuridad la cobijaba cada vez que su alma era atrapada por la confusión, odio y miedo. Estaba sola. Inevitablemente recordaba a su padre, que los había abandonado hacía mucho.
   Florencia, era la mayor de tres hermanos, apenas con 16 años se encargaba de las labores de casa después del colegio, mientras sus dos hermanos menores se dirigían al bar donde su madre trabaja y ayudaban en el aseo.
   Nunca olvidará esa tarde, cuando su madre le presentó a Aníbal, como el amor de su vida, con ojos chispeantes y enamorados. Su compañero de trabajo en el bar donde trabajaba, había sido el elegido. Su madre todavía era joven, poco agraciada, pero con muchas cualidades para enamorar, desde ese día vivió sólo para él. Pero él…

Cada vez que su madre llegaba la encontraba encerrada, preocupada preguntaba:
   —¿Cuál es tu problema Florita? —decía con suavidad
   —¡Nada, no pasa nada mamá, ya salgo! —respondía la niña.
   —Recuerda que tienes que ayudarme —seguía diciendo la madre—: la comida ya está lista y tú vete a ordenar la ropa de Aníbal a su pieza que ya regresa de la compra de su vino, menos mal él se viene inmediatamente en cuanto toca la campana de tu  colegio dando la salida y corre para aportar en lo que necesitas, ¡qué sería de ti si él no estuviera aquí para ayudarte todos estos años!

Habían pasado cuatro años, de pesadilla, esperaba que las cosas cambiaran; que a su madre se le enfriara el corazón de ese amor que la enceguecía y mirara las cosas con ojos neutrales o, que llegara más temprano…
Florita se cuestionaba cada día:
   —¿Qué se supone que haré ahora? ¿Decirle a mamá? ¿Entenderá? —. Oí decir que darse golpes hace bien para ir a parar al hospital y en el examen quedará expuesto mi estado, eso escuché, pero fuera de quedar con unos machucones no pasa nada, nadie los ve, mas, sigo esperando el milagro que mi madre me observe con más detenimiento.
   Ha bajado de peso y luce pálida, no se concentra ni razona, camina atontada por la preocupación. Sus hermanos son pequeños aún y no puede confiar en ellos. ¿Y si le pide a su Serafín que se unan en matrimonio?; su madre se dará cuenta que nada tiene que ver Serafín con ese apuro, porque las mentiras no son su fuerte, siempre Florita le ha respondido con la verdad cuando le ha preguntado si Serafín se ha propasado con ella; él siempre la ha respetado. Tiene una vida tan pacífica que inevitablemente la verdad saldrá a la luz, ¿aceptará su estado? ¡Oh Que dilema! Piensa en su criatura, tiene derecho a la vida, ¿qué culpa tiene ese angelito?
   Sucedió por fin lo que pensaba, su mamá descubrió su secreto e inmediatamente la agarró de una oreja y la encerró en su pieza, castigada sin permiso para salir, indignada por haber osado culpar a…, gritando que nadie podrá enterarse de esas calumnias que Florita  quiere colgarle a su esposo, llamará a la veterana que en una semana se encarga de estas cosas y la librará de todo.
   Tarde-noche escucha a Serafín que viene por ella, voces airadas, portazos y aparece en el pórtico. Solamente con un atado de ropa la saca de ahí, casi no puede caminar, los dolores comienzan, el niño se pide asomar al mundo.
   Gracias a Dios la madre de Serafín la recibe sin recelo, cuidadosa la guía a una cama que Florita ve como su salvación y llaman al doctor.  

Al fin tiene en brazos a su bebé, criaturita pequeña, inocente, pedazo de su carne nadie podrá arrancarlo de su lado y siempre lo cuidará con amor. Serafín mira absorto, sin cuestionar, su mirada cariñosa refleja la inmensa ternura y sencillez de su alma, toma esa pequeñita mano:
  —Ha caído del cielo este precioso regalo en nuestras vidas Florita, ahora tenemos niñito en casa y tú estás bien —dice.
   —Si mi amor, nuestra vida comienza bendecida. En cuanto me restablezca iremos a ver a mamá, ahora que está sola nuevamente necesita de nosotros. Aunque tarde se dio cuenta supo poner a ese hombre en su lugar y lo entregó a la justicia.

Con la presencia de Serafín a su lado, Florita descubrió que también viven ángeles junto a nosotros.



Fin.




jueves, 7 de noviembre de 2019

Desde aquel día


Desde aquel día,
en que el roce de tu piel sentí en mi mano
suave llama levantó mi pasión
y trepando violenta invadió mi corazón,
desde aquel día.
Tersa piel apenas en ciernes, pausado
escudriñaba profundidades latentes
y con fuegos nacidos del adentro
se consumaba rito apasionado desigual.
Desde ese día,
enamorada, feliz surcaba ese mundo,
mi piel era tu piel, tus sueños eran los míos
navegaba en barca tierna y juvenil, ¡tan tuya!
Que aprendí que todo es primavera,
satisfecha, alucinados mis sentidos vivía
alborotada ensoñación.
Quemante luz, desde aquel día.

Trastocase de pronto la ilusión, un día
¿Volvías a enjugar mis lágrimas amorosas?
¿O asomabas por otro nuevo coche?
La luna miraba mis desvelos
acongojada mecía anocheceres
que transcurrían inexorables, solitarios
¡Ausentes del mirar de tus ojos color cielo!
¡Fatal destino!
Deshojó mi cuerpo y mi pasión descontrolada,
consumidos mis suspiros y mis estancias
regaladas a las sombras.
¿Seguirán las noches sin estrellas
que alumbren y sacudan la agonía
de tu piel de tu estilo e inexperiencia?

Quiero percibir amores verdaderos que borren
para siempre tus huellas licenciosas
Saber que existe el sol con rayos luminosos
que aviven este cuerpo, impávido
a sentimientos amorosos
y de largos inviernos, tachonado.




2019-06-20

CHILE.


Suspiros radicados en el olvido


Con suspiros mustios radicados…
¿En el olvido?
Con el alma liberada restañar heridas,  
anhelante de sencillos y joviales tiempos.
Vislumbrar futuras madrugadas
con el resurgir de mieles en resecos labios
que abren candorosos a gentilezas amorosas nuevas.
Aspirar compartir la vida entera con este florecido amor,
confiado, intenso en total entrega, con esperanzas
surgidas al declinar mis atardeceres de existencia.
Venido en torbellino a remover lacerantes congojas.
Abanicos de colores tronarán los aires.
Instando…
A seguir huellas de ternuras inesperadas,
exuberantes y frescas en brazos almibarados
de agasajos que amarán coqueteando en mí regazo.
¡Opacando de la faz por siempre los recuerdos dolientes!
Arco iris naciente y vigoroso reflejado en ardientes pupilas.
Invitando…
Con pasión seductora a arañar sentidos adormilados,
trastornada percibo dulces melodías, con rendición que arrebata,
prodigada, desnuda, acojo con suspiros agitados…,
¡Flamante éxtasis de amor admitido!





 Temuco 31-08-2013-CHILE   


lunes, 21 de octubre de 2019

CAMINOS POLVORIENTOS


 Por: María Emilia Fuentes Burgos.

Por esos caminos polvorientos, de la montaña a la costa
tras la huella de la carreta va el campesino sin tiempo,  
su mano renegrida tantea su rostro curtido
que agrietado le riñe, su chupalla raída, deslice.
Garrocha al hombro asegura, para atizar sus rumiantes…
  ¡Cholito y Colorado! los anima de tiempo en tiempo
con aguardentosa voz impregnada de tristezas recónditas
Sus ojotas ya le pesan, por las millas recorridas,
mas, sin cejar maniobra el curso en ese espacio confuso.
Su corazón oprimido, en nebulosa expectativa
por la amada que carga adentro, entre sacos y chamantos.
Mujercita candorosa, que alberga un fruto en su vientre
sollozante ruega en silencio encuentren pronto refugio.
Los gemidos se confunden en oscura polvareda
los dolores son intensos y están solos en la cuesta
abajo, junto al río, fluye la alegría del mundo.
Apura, el carretero los bueyes y el carromato zarandea
el malestar ya sofoca y desprende los adentros.
Tarde noche se divisa…
Un desmayado cuerpo, en brazos de atormentado varón
que con lágrimas en los ojos despotrica mirando al cielo.
Su amada con su ilusión, no alcanzaron pretendido asilo.


CHILE.
2019-10-22


viernes, 18 de octubre de 2019

CARAVANA GATUNA (Relato)


              
Eran tiempos difíciles para los habitantes de la “Ciudad Gatuna”. La vida se había tornado insoportable por las agotadoras jornadas de trabajo y sin la remuneración adecuada, lo que llevó a algunos habitantes, más listos, a mirar con ojos inteligentes un proyecto bastante ambicioso que se gestaba bajo cuerda y a tomar decisiones arriesgadas en beneficio de la población. Las historias que contaban los gatos  trotamundos que desfilaban por la localidad, eran atrayentes, demasiado atrayentes y fueron tomando fuerza día a día haciendo que el fallo final saltara a la luz, positivamente; marcharían con sus familias por la comarca entre montañas hasta encontrar ese lugar secreto, que mencionaban, donde reinaba la armonía y la abundancia de alimentos: “La ciudad de las maravillas”. Ya era tiempo de recorrer  otros mundos en beneficio de sus integrantes multiplicados con rapidez sin mucho pretenderlo y su mantención cada día más complicada.
   La caravana de treinta animosas familias gatunas, avanzaba sin dificultad por el  camino paralelo al río donde aprovechaban de atrapar lo que saliera a su paso para saciar sus estómagos. Transcurridas unas semanas ya vislumbraron el sendero adyacente a las montañas que los llevaría a la cumbre. De vez en cuando miraban a sus espaldas y veían como desaparecía la ciudad “Gatuna” que los albergó por tanto años en extenuantes jornadas que ahora querían olvidar. Acompañados en su marcha de bellos recuerdos asomados por resquicios de su memoria, de tiempos, otrora, llenos de regalías brindadas por los acaudalados señores “Gatunos”, dueños de esos terrenos y que sin embargo con el pasar de los años al estrecharse los espacios se convirtieron en terrenos fastidiosos para laborar. La única opción para todos los gatos de la comarca, era cruzar el río para trabajar vigorosamente eliminando ratas y toda clase de bichos en los campos de los gobernantes “Gatunos” por un salario indigno, de nada servían sus años de estudios.

Atentos a todo lo que les ofrecía la naturaleza, los gatos jóvenes caminaban confiados,   con sus orejas alertas, abrían y cerraban la marcha con paso mesurado pensando en los ancianos y niños. Sin dudar empujaban sus carretillas atestadas de bártulos. Descansaban donde el manto de la noche los envolviera. El minino cocinero rápidamente entregaba los alimentos en forma equitativa, cuidando que los pequeños llenaran sus estómagos. Así estaban organizados en su pueblo y así continuarían.
   Todos con una pena en sus enjutos cuerpos, pero siempre con la esperanza de reunirse algún día con los que quedaron atrás.
   Cada familia constaba con numerosos integrantes, solamente una, estaba constituida por dos gatos, don Gilberto y su hijo Gustavo, estaba claro para el grupo, no obstante, en la noche ese toldo cubría a cuatro viajeros. Dos lindos mininos aparecían de entre los cachivaches a los que don Gilberto mimaba y cuidaba con celo. Vigilaba de no ser descubierto, poniendo como escudo una actitud áspera, con mirada huraña de pocos amigos que alejaba al más osado. Su hijo Gustavo, profesor de inglés, con aire distinguido y buena pinta era el responsable de custodiar el hogar ante la opinión de las familias gatunas para cualquier eventualidad.
   Extenuantes jornadas hacían otear el horizonte, ilusionados de encontrar pronto el secreto lugar: “La ciudad de las maravillas”. Al llegar a la cúspide del gigantesco macizo observaron la zona y se sintieron ahogados por un sinfín de cumbres nevadas, sin embargo, en la lejanía se divisaba una mancha amarilla. Al seguir con la mirada el curso del río, que serpenteaba por la cuesta, pudieron ver que desembocaba al costado de la mancha amarilla, junto a un gran poblado, coloreado de amarillo por las gigantescas e incontables flores de maravillas (o girasoles). Sus corazones saltaron gozosos ante la posibilidad de haber encontrado la nueva ciudad gatuna que ampliaba la ilusión de hallar algún pariente. No obstante, bastó un segundo para darse cuenta que sus habitantes… ¡¡¡No eran gatunos!!! Se veían muchísimos pobladores perrunos corriendo por todos lados junto a liebres y conejos. Los mininos quedaron muy preocupados. ¡Qué haremos ahora, fuimos engañados! gritaron a coro. —Ellos no tenían experiencia en otra clase de convivencia que no fuera ¡La gatuna!
Calma, calma, habrá que hacer un reconocimiento, saber bien a qué nos enfrentamos, por ahora descansen. dijo el joven gato Gustavo, con espíritu resuelto. He invitó a diez compañeros para descender.    
   Enormes girasoles orientaron a los personajes a la periferia de la ciudad donde divisaron un cartel instalado como portal que decía: “La ciudad de las Maravillas. Luego hallaron una familia Perruna y otra Conejuna que trabajaban en la construcción de una casa. Estos, corrieron a saludarlos con actitud amable sin dejar pasar el cansancio que se dibujaba en sus rostros. El joven gato Gustavo con prudencia proporcionó los datos solicitados. Finalizada la reunión, don Conejo Mayor mandó a buscar a los viajeros y solícito llevó a Gustavo a una bodega abandonada cerca del río, río abundante de peces donde la comida estaría a su disposición. 
   Cuando la caravana gatuna llegó al lugar la bienvenida fue apoteósica, “La ciudad de las Maravillas” brillaba por multitud de vecinos cargados con alimentos que ofrecieron en mesas dispuestas en la bodega que servía de depósito para fardos de paja, blandos y abrigados que también podrían usar para dormir; agradecidos se abrazaban todos con todos. Encontrarse con la familia Perruna y Conejuna era lo mejor que les podía haber pasado. En esa ciudad reinaba el compañerismo.

El tiempo transcurría con total armonía. Con su oficio o profesión que pronto comenzaron a ejercer los integrantes de las familias gatunas, la ciudad prosperaba más aún; nuevos trabajadores que habían caído del cielo. Solamente el viejo gato Gilberto y su joven hijo profesor no trabajaban, aunque a Gustavo se le había ofrecido un cupo en el colegio; el consejo gatuno estaba preocupado y pensaba mandarlos de vuelta o a otro lugar que aceptara sus flojeras.
   Don Gilberto desde el portón daba una ojeada a la vecindad. Pronto se enteró que su vecina, dueña de una gran casa-quinta, era la gata Galinda y su hija Lupita, hermosa y delicada gatita que era un primor. No obstante, don Gilberto siempre con mirada huraña y ceño fruncido guardaba distancia. Desde la otra esquina la gata Galinda lo observaba y corría para saludar, pero don Gilberto rápidamente cerraba el portón, aunque por dentro suspiraba por ella. Galinda ahí quedaba con sus intenciones al viento. Pero ese par de mininas no se amilanaban y urdían cómo acercarse a ese par de gatos tan parcos y más…, con ese joven fino y educado, hum…, que a Lupita cautivaba, con su terno gris y con ese par de mostachos que lucía con garbo.
   Urdieron llevar una cesta con frutas, pescado y leche a una hora puntual. Antes de mediodía cuidadosamente dejaban en el portón la pequeña cesta, esperanzadas que uno de los dos la encontrara, aunque lo dudaban, porque ese par de mininos eran muy orgullosos. Curiosamente la cesta desaparecía. Un día ellas se retrasaron y grande fue su sorpresa al encontrar en el portón al viejo gato Gilberto, asustado por no encontrar su canasta. Al verlas obligadamente tuvo que saludarlas al tomar la canasta y agradecer, en ese momento sucedió algo que favoreció el anhelo de las gatitas, se escuchó un gran golpe y exclamaciones que hizo a don Gilberto salir corriendo; ellas sin perder un segundo lo siguieron hasta encontrarlo en la cocina con un mininito en brazos al que hablaba dulcemente, ellas quedaron asombradas por la ternura demostrada por ese personaje tan antisocial. 
   El gato Gilberto las invitó a sentarse y les presentó a sus dos hijitos, Juanín, que se había caído del camastro, ciego de nacimiento y luego sacó otro minino de entre sus trastos, sin sus antebrazos, Joselito. Don Gilberto decidió contarles su historia. Las gatas se acomodaron para escuchar, sobrecogidas por lo que tenían ante sus ojos.
   Mientras acariciaba a sus hijitos comenzó su historia un poco confundido:
   —El accidente sucedió seis días antes de abandonar la “Ciudad Gatuna”. Fui a cobrar mi dinero que serviría para el viaje, acompañado de mi mujer y Joselito.
   —Tragó saliva y continuó:
   —Como era día de pago los gatos jornaleros cabizbajos formaban una larga fila. Joselito correteaba por ahí, de pronto escuché gritos desesperados. Mi mujer corrió y encontró a Joselito cautivo de sus brazos por el pesado fierro de la trampa para cazar ratas conteniendo grandes trozos de queso, tentación para cualquiera que no supiera. —expresó.
   —¡Ay Virgen Santa! —gritaron Galinda y Lupita—. ¿Y?  
   —Raudamente mi mujer se abalanzó para socorrerlo, mas, fue imposible ya que en segundos cayó otro fierro que la dejó sin vida, logré sacar a Joselito y correr al curandero que lo medicinó y vendó las heridas. Sin poder evitar amputar hasta el codo.
   —¡OH, pobrecito, Joselito con tanto dolor y sin mamá!, qué cosa tan espantosa don Gilberto. —exclamaron las dos gatas casi llorando—. Don Gilberto siguió abriendo su corazón atormentado:
   —Fue muy difícil tomar la decisión de hacer el viaje, ya que el compromiso con el consejo Gatuno fue que viajarían gatos saludables, que no dieran preocupaciones en el camino, ni donde fuéramos a establecernos.
   —Pero mi hijo Gustavo no era merecedor de seguir de jornalero con su título de profesor recién en su poder, eso marcó la diferencia y empacamos los utensilios necesarios, en cajas grandes ocultamos a Juanín y a Joselito con sus heridas, ahora con Gustavo, nos turnamos para que no les falte nada, por eso él no puede trabajar. —terminó.  
   Las gatas, Galinda y Lupita con sus rostros llorosos ofrecieron inmediatamente su ayuda para cuidar a los mininos, inclusive les ofrecieron su casa. Al ver tanta generosidad aceptaron el ofrecimiento con la condición de hacerse cargo de las labores pesadas que requirieran atención. Así, la orden del consejo, de devolverlos a su lugar de origen por no trabajar, quedó sin efecto.   
   El joven Gustavo comenzó a dar sus clases en el colegio donde fue muy bien recibido, estrechando lazos de amistad con otras familias como: la Perruna y Conejuna. ¡Todo estaba de maravilla! Su madre, si viviera, estaría orgulloso de él.

El viejo Gilberto se encargó de los trabajos pesados y desde el segundo piso se deleitaba mirando la campiña, dorada por las grandes extensiones cubiertas de flores. Hermosas maravillas o girasoles que por doquier se multiplicaban con sus caritas buscando el sol que rodeaban toda la ciudad.
En busca de un nuevo hogar, con buenas intenciones, siempre habrá un lugar que estará a disposición. Así don Gilberto comprendió el doble significado del nombre de esa amable ciudad. 




FIN  



Temuco.25-03-2019
CHILE.  

Amigo fiel su nombre nadie conocía.


 Al clarear el alba con frío o con lluvia
pasaba por mi puerta una sombra lanuda, 
temía ser visto y con paso ligero  
casi ciego, jadeaba y desaparecía.
Pelo mojado, cabeza sometida, su Nombre… ¡Nadie conocía!
Esperé emocionada el clarear del alba   
correr ese velo de misterio quería.
De pronto la sombra en lontananza surgió,
su fuerte resuello más y más cerca sentía…
Con ojos vidriosos, desfallecido en mi puerta se derrumbó. 
Sucio pelaje, patitas heridas,
expeliendo su último suspiro quedaba sin vida,
su mirada lo dijo…, siguiendo a su amo
que ya, de este mundo se había marchado.
Perrito lanudo cuyo Nombre nadie sabía
y que sin importar distancias al sepulcro
de su amo corría y temprano salía por huellas de comida.

¡Tierna raza canina, de sus amos siempre prendados!
Amigos fieles es el don que Dios les ha dado.

Al amanecer de todos los días en mi puerta una Luz, habita.
Ángel lanudo, ojitos de estrella, cabecita erguida
largas orejas, lengüita humedecida jadeante de alegría
colita peluda mueve ligera, al compás de su ardiente corazón,
que recuerda, por ahí caminan muchos perritos sin Nombre
¡Viviendo en esta situación!



Temuco 25/07/2011.
CHILE.

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