De lo profundo de mi pecho nace un grito
que se eclipsa en el ocaso de mi vida,
inútil esperar tú estimulo anhelado.
En lejanía no se oye, no se yergue, no me toca.
Negras telas envolventes son extensas
que contienen mis eclipsados e infinitos lamentos,
no sospeché bañada en primaveras
lo aflictivo de las soledades del invierno.
Amor, en un puño mezquino, sobrevivo,
extenuada mi esperanza mira en lontananza
y prendida en el fulgor de tus ojos tiernos llega el sentimiento...
¡Te amo! Y mi alma acurruco adormilada.
Ya no estoy, ya no existo, ya me he ido,
melancólicos caminos me abrazan.
Voy temblando con mi espíritu y mi aliento,
cual marchito pasajero sin destino.
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Los azahares de la vida son impredecibles cuando en alianza con internet y el ciberespacio nos encarrilan a lugares tan emotivos como aterrizar en los jardines de tu poesía. Un placer disfrutar de tu arte.
ResponderEliminarRamiro, de https://poetasyescritores.foroactivo.com/