6/12/2022

CAPULLOS DE FLOR, Chikis.


Con silente, ostentación

y en la cúpula del cielo,

dos violetas florecieron

con amante perfección.

 

Flores bellas perfumadas

al calor de un gran amor,

semillas amorosas

frutos de una gran pasión.

 

De vida llenas sus manitas

y mucho amor en su corazón,

destilan alegría e inocencia

como el canto sutil de un ruiseñor.

 

Corren saltan corretean

cual canarios juguetones

consumiendo energías

que la tienen a montones.

 

Sus caritas son redondas

y sonrisas de cristal

emanando brillantez

cuales flores de azar.

 

Son pequeñas, pequeñitas

como capullos de flor

han llenado nuestras vidas

¡Ángeles de pureza y candor!

 

Sellaron con su presencia

dulce y amoroso nidito,

sus padres las cuidan mucho

ellas, los colman de cariñitos.

 

Yo las amo mucho, mucho

me han robado el corazón

agradezco al Señor

que me ha dado esta razón.

 

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Extensas Rotaciones

  

Ambicioso pedernal que amparas tolerantes

playas, costas, territorios en fertilidad,

cándidos, desbordantes, extensos y vigentes

ofrendados al mundo con generosidad.

 

Pujante terreno aceitunado en ecos vivientes

que ansía hurgar en diamantinos reflejos de bondad

penetrar en rugosas cortezas absorbentes

donde fluyan ríos genuinos y complejos de hermandad.

 

Comprometida fortaleza con aires constantes

vibra intrépida con la humanidad.  

Tierra hermosa oteando frondosos horizontes

¡En extensas rotaciones en contigüidad!

 

oooooooooo 

BAJO ENIGMÁTICO CONJURO


Bajo el conjuro con esa luz fría y mortecina

se vislumbra la silueta en el espejo.

Una bella joven que afligida, por amor suspira.

Ramón indolente y pretencioso, no la quiere

y la mira con desprecio.

Por horrible incertidumbre presionada,

saber quería, ¡¡si era amada!!

Despacito, atemorizada, desdobla el pañuelo

y la foto exigida ofrece.

Frente ella, quien luce ojillos fisgones,

agazapada en negra capa,

con la escoba que infaltable por ahí se divisa

en un rincón, daba señales obvias que,

a quien la joven visita poseedora es, de artes diabólicas.

¡De eso, la bribona hechicera se jacta con orgullo!

¡Ya mil años de embrujos realizados!

Con el libro del maestro Merlín, bajo el brazo,

a mudar corazones con denuedo ella se obliga.

Atiza el fuego y con sus estriadas manos de uñas afiladas

comienza en segundos a sumergir la foto en blanco y negro,

en el agua, tartamudeando mágicas palabras…

En el recipiente, la silueta de Ramón se esfuma lentamente

en vapor denso a marejadas.

La imagen varonil yace en el fondo

angustiosa señal que la vida se escapa,

por virtud de la abundante pócima que bulle en el caldero.

En silencio sepulcral, mirando que ya nada palpita

en la imagen incolora y remojada,

el ambiente se humedece de un sospechoso y azufrado vaho

que toma cuerpo y se hace cada vez más fuerte,

de manera que el inspirar, insulta,

tétrica habitación que a la joven hace tiritar arrepentida.

¡¡Solamente quería saber si Ramón me amaba!! —desconsolada clama.

La situación toma otro cariz.

Dos ojillos enfurecidos echan chispas

y el revolear de una capa negra alza vuelo;

envolvente ráfaga de frío fantasmal, penetra,

el insinuante graznido del ave que se posa en el hombro,

de la joven, la estremece erizando su cabello.

No…, no quiero… ¡Ya basta!  —grita y sigue: —Muerto

no me sirve para nada.

¡Señora devuélvale a Ramón su corazón!

Pero déjelo sólo un momento en un camino oscuro, sin el alma.

¡A dos pasos del abismo!

El mismo camino amargo que yo he recorrido por su indolencia.

¡Pero sálvelo, Ramón es el hombre que amo! —reclama.

La bruja maloliente algo masculla, atiza el fuego

y su mano contornea el largo palo que sacude

los mejunjes del caldero,

exigiendo su rogativa se cumpla.

En el agua espesa la transformación empieza a tomar cuerpo…

¡¡¡Una figura!!!

El personaje cierta tonalidad refleja…

Su cuerpo viscoso aclara…

 

Perfilando un nuevo amanecer y jubiloso, exaltado

y despistado, un hombre, de un brinco se levanta,

pisa tierra fuera del caldero.

Largos años a olvido perfumado y…

¡Sin saber lo que ha pasado…!

Mira estupefacto a esa negrura fea, sin dientes y uñas largas,

enloquecido suelta un grito que llega a la estratósfera

y se abalanza a los brazos

de la joven que, lo mira interesada.

Él la observa, cavilando, jamás haberla visto, pero de plano

promete amarla, adorarla, más allá de lo soñado.

—“¡Mi retina no recuerda que Ramón fuera tan guapo!” susurra ella.

 

Queda sola la hechicera con sus trastos.

Aferra el recipiente que vaciar pretende,

mas…, se ha vuelto tan pesado.

Mira desconcertada, el fondo del envase

introduciendo sus dedos con afiladas uñas, que desprenden…

¡La clara figura del amado de la joven que recién se ha marchado!

¿Ramón? Sí, ¡Ramón!

¡Me he equivocado! ¡En el fango otra alma he dejado encadenada!

Oh, por las barbas de Merlín…  ¡Otra vez el sortilegio ha fracasado!

La pócima hipnotizadora… ¡No logró el efecto anhelado! —masculla.

 

Arrellanada en sus refajos con el gato negro lamiendo su cara,

en esa oscuridad que a rumiar facilita..., solloza pensativa.

Mil años de hechizar son demasiados

y fastidian más allá de lo infinito.

¡Hasta a la hechicera más maléfica consabida!

 2013-05-23


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LA HUASA CHARITO Y JACINTO

 

La vieja Marcelina, escopeta en mano, va por el camino ancho en busca de su sobrina Charito, la huasa de pelo crespo que anda muy re-sublevá.

   —¡Sí, ya tenía que estar de regreso y ha demorado tanto, cabra de miéchica y yo sudando la gota gorda, en la cocina! —rezonga.

  Su sobrina la Charito anda muy lenta, aguaita la ocasión para sacar la vuelta.

   —Ya es mucho la lesera. ¡Si anda con la boca abierta! Sueña con su Jacinto, el peón del otro lado, veremos si será cierto que él también sueña con ella y no ande de sol a sol, solamente “calentando el agua”; que ya está bien grandecito el guaina, aterrice de una vez y si está en edad de “merecer”, ¡resuelva!, y se allegue urgente a pedir su mano. ¡Esta cabra no sabe que a estos tontones hay que aguacharlos primero y no entregarles na!

   —¡Nadita voy aguantar de andar de rejuntaos y de esas cosas tan modernas! —señalaba y continuaba—: Ahora no más dicen “dos cucharas y a la papa al tiro”, ¡que se creen! Mi Charito es niña decente, con el sacramento en su cuerpo me quedaría satisfecha.

   En época de cosecha los fardos de paja alzaban, riñéndose las horquetas en maravillosa fiesta, la hojarasca revoloteaba y no se veía nada. Enmarañados todos en una gran faena, entre montones de sacos herramientas y carretas.

   De las trancas al galpón hay sólo un par de pasos, al disparo de Marcelina la polvareda quedó. Un huaso salió asustado por el lado de una carreta, enredado enterito entre las patas de un par de bueyes.  

   —Ay mamita… Mi pellejo. Ayayay ¡Santo cielos! Segurito estoy que hoy doña Marcelina me despelleja y se tiró cerro abajo “abriendo chaqueta” con los ojos desorbitados, sin nada para abajo y en pura camiseta.

Clamaba la moza Charo defendiendo su postura, mientras su refajo pisaba.

   —¡Yo no tengo con ese huaso! ¡Créame doña! —alegaba la pobre huasa.       

   —Aceitábamos los ejes de la carreta solamente y de pasadita, contemplábamos inocente un parcito de herramientas.

   —¡Jacinto, comedido las mostraba y yo las admiraba! Na más, doña Marcelina.

  

—Muy bien mi Charito, así es como tiene que hacerlo siempre, ayudar en lo que pueda… ¡Y yo tan mal pensá!

 

  

Fin.

 

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6/08/2022

ACRÓSTICO “Día de la amistad”

 

                                          

Diversidad de amigos-poetas en el mundo

Incalculables, como rayos de sol en alborada  

Amor y energía dan con sus letras a versos y prosas encantadas.

 

Dulcemente rebosan sabiduría

Embellecen páginas con verdades ignotas irisando el planeta.

 

Llama que penetra en nuestras venas y alojan

Amistad en cada letra y cual estrellas brillan inmortales.

 

Almas puras, sencillas de tierras perfumadas

Magníficos cantan mil palabras de afecto

Incontables brotan cual luciérnagas y nadie

Sabe cuál es su secreto que surge de su alma con voz precisa

Tejiendo Amistad día a día gozosos con discreción    

Afectuosos dignos de valoración     

Derraman cariño que reinará por siempre en nuestro corazón.

 

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6/07/2022

DON GATO Y DON CONEJO

   

Detrás de su escritorio se encontraba don Gato, como siempre en su trabajo de prestamista, se abre la puerta y aparece el don Conejo muy bien vestido.

   —Buenos días don Gato —saluda don Conejo y añade—: vengo con urgencia a ver si estará listo mi préstamo, ya que lo necesito para comprar un automóvil para trabajar, con su secretario dejé los papeles firmados. Don Gato con una sonrisa burlona, lo mira.

   —Parece que le va a ir mal don Conejo —responde y agrega —: porque tiene que ser una suma más grande de dinero, ¿qué va a hacer con esa pequeña cantidad? ¡Sí parecen migajas lo que está pidiendo!, ensuciaría mis manos al entregarle esas monedas y se puso a reír mostrando hasta las amígdalas. Don Conejo con cara de sorpresa quedó acobardado.

   —Pero don Gato, si es un saldo que me falta para completar el dinero para la compra. –le dijo suplicante.

   Don Gato arrellenado en su sillón haciéndose el importante y alisando sus bigotes:     

   —Bueno, bueno ¡haré una excepción! Sacando el dinero del cajón se lo tiró en el escritorio y le dejó caer las monedas de alto abajo.

   Don Conejo contento y agradecido se retiró a comprar su vehículo.

   Pasado un tiempo resultó que la oficina donde trabajaba don Gato tuvo una mala racha y quebró, don Gato se vio en la necesidad de salir a buscar otro trabajo.

   En la calle se encontró con don Conejo que amablemente lo saludó, se acercó a él con vergüenza le contó su triste historia, después que don Conejo escuchó atentamente lo tomó del brazo y con timidez:

 —Lo único que tengo y que podría ayudarle don Gato es el trabajo de chofer de mi taxi. –le dijo.

 —Encantado don Conejo, me salva la vida, gracias —respondió.

 

Todos los días y a cada momento, a don Gato, la gente le cancela los pasajes con monedas. Don Conejo sube al taxi y también paga su pasaje, pero le entrega las monedas en la mano.                                                                  

 

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MI NIÑO, LUZ DIVINA


Pedacito de luz divina, alumbrando mi interior,

frágil, dulce, pequeñita que madura con amor

en aguas tranquilas que refrescan el corazón,

suavecito en movimiento con feliz candor.

Sueña mi niño, bañarse en besos puros en flor.

En penumbra, de un punto a otro, grabando en su mente

el calor de una mano tibia que lo acaricia…

¡Y que, en la vida, lo escoltará para siempre!

Amado mío, caudal de mis suspiros

autor de mi próximo destino, nazco de nuevo     

en potencia contigo, Dios te bendiga,

ángel de mi alma, dueño de mi cariño.

En tu senda llevas prendido un puñadito de sol,

y brazos vigorosos anhelantes de ternuras.

Llegas con amor a este mundo y eternamente

Dios te amará ¡Tanto, tanto, como mamá!

 

💥💙🐾🦔

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LAS HORMIGAS GUERRERAS

 

¡Marchan, marchan, marchan…!

¿Qué las une?

¡El golpe sonoro de un tambor que potente resuena

al compás cerrado del primer batallón!

 

La guiadora avanza orgullosa y desenvuelta,

suben, bajan, miles de patitas embarradas

por distancias y sendas jamás imaginadas.

Ya cansadas, elaboran alero para las debilitadas.         

 

¡Marchan, marchan, marchan!

Y en dura travesía logran la hondonada subir,

otean, avanzan con latidos de valentía acumulada

convencidas que luchar es su porvenir.                        

 

Al golpe fuerte del tambor: un, dos, un, dos…,

acometen raudas con osadía y dignidad

dejando el campo completo de cuerpos amputados.

¡Las guerreras van luchando con letal ferocidad!

          

Retuercen con dolor y sus chillidos                            

retumban atrevidos en inexpresivo desierto,

recogen lo disperso, se reúnen

formando su escuadrón con total discernimiento.

 

¡Marchan, marcan, marchan!   

Instalándose en la nueva colonia con valoración

y un caudal de emoción prende al rose de sus cuerpos

¡Han conquistado el hogar para la próxima generación!

 

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AMOR DE MI RAZÓN

  

Ven pequeñito mío

prueba estos frutos apetitosos

y si los disfrutas…

¡En mi boca los sentiré deliciosos!

 

Sueñas con amaneceres

y de tu mano alegrías puras,

brilla tu vida entre luces.     

¡De la mía se elevan ternuras!

 

Con tu boquita primorosa

balbuceas con esfuerzo mi nombre,

mi alma vuela cual estrella.

¡Y mi voz vibra en la cúspide!

 

Un guiñito de tus ojos añiles

inunda mi espíritu y mi corazón,

envuelta en cariños de abriles.

¡Mis ojos vigilan, el existir de mi razón!

 

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6/06/2022

SWEATER MODERNO.


Óscar, pidió permiso en la oficina para ir a ver a su novia Clorinda que vivía en una hacienda a nueve kilómetros de la ciudad. Ahí lo esperaba Clorinda junto a sus padres, a la legua se notaba que no miraban con buenos ojos al nuevo pretendiente. Su pequeña, era la luz de sus ojos y no querían esa unión. 

   En los fogones de la cocina, la abuela Elcira trabaja afanosamente preparando platillos especiales para la ocasión por encargo de la dueña de la hacienda, su vecina; la abuela siempre estaba dispuesta para ayudar en estos eventos, acompañada de su nieto Nachito de nueve años, que era el primero en la fila. Éste, observaba lo que ocurría en casa y no estaba de acuerdo con el casorio de su amiga Clorinda, a él no le convenía, ya casada la señorita Clorinda se iría definitivamente a vivir al pueblo y se acabarían sus paseos a caballo y los regalitos. 

   Los novios después de almorzar bien abundante se prepararon para dar una vuelta por el potrero. A pesar que llevaban un buen tiempo de novios, él no había tenido la oportunidad de visitarla en el campo, ahora podía familiarizarse con esa vida especial y colorida. 

   —Óscar, cambia tus lindas ropas porque te puedes ensuciar —le dijo. — Y preguntó a su padre si había peligro, él con voz calmosa: 

   —Tranquila hija, todo está en su lugar y el toro también, el capataz personalmente lo dejó en la quebrada con las trancas cerradas. De todas maneras, no se alejen mucho. —dijo. —Y como vio a Nachito le ordenó:

   —Y tú Nachito, deja tranquilos a los novios, vete a cuidar las ovejas y abre las trancas.

   Óscar, se quitó la casaca y quedó en un lindo sweater de poliéster muy suave que ella acarició. Tan diferente a su ropa fabricada en el campo con lana de oveja, bien abrigadora.

   Tomaron el camino en dirección al potrero que lucía un cerco con gruesos troncos de madera de pellín y dividido por varias corridas de alambres de púa, resistentes, necesarias para retener al ganado. Ahí estaban los animales, Clorinda explicaba las faenas, pero Óscar no estaba interesado en eso, todo le parecía lenguaje chino, él solo veía vacas y caballos, la cosa era alejarse lo más posible de las casas, con intenciones no tan blancas.

   Siguieron su camino que los condujo a campo abierto. Clorinda al ver todo despejado de animales se sentó en el pasto a la sombra de un árbol, con ojos cerrados se deleitaba con las palabras de amor de su enamorado. Óscar viendo el campo cubierto con flores de margaritas se apresuró a juntar un ramito para sorprender a su amada. Poco a poco fue internándose por la quebrada frondosa hasta llegar muy cerca de “una vaca”. No supo cuándo, ni de donde salió feroz bramido y retumbos, solamente vio la tierra que se levantaba de las cuatro patas del animal que se le venía encima. Con los ojos como platos y como alma que lleva el viento salió en busca de socorro. Clorinda al escuchar el bramido, ya corría a campo traviesa en dirección al cerco que sería su salvación.

   —¡Corre amor, corre Óscar por favor, ese es un toro y no te perdonará la vida! Te dije que el toro siempre está separado de los animales del potrero y hay que andar con los ojos bien abiertos, parece no me escuchaste. —gritaba. —.  

—Voy, voy, soy hombre muy moderno de gimnasio, no te preocupes, tengo buen físico. —respondía Óscar.

   De una zambullida se metieron debajo de los alambres del cerco, solo bastaron segundos para sentir el crujir de la madera con la cornada del toro, que remeció los gruesos maderos. Clorinda se levantó y no pudo seguir su marcha por estar enganchada de sus ropas por las puntas de los alambres de púa. Ella, sentada de espaldas al cerco, tiró y su chaquetilla de lana cedió con facilidad y se liberó. Él se levantó y dio tres pasos, pero su sweater de fibra elástica, resistente, le impidió zafarse. La situación se hizo crítica, Óscar sentía como su cuerpo retrocedía y volvía con rapidez y azotaba el cerco, como un resorte cada vez que él ponía todas sus fuerzas para avanzar. ¿Y el toro? Seguía dando cornadas al poste. En sus acercamientos a los alambres Óscar se daba cuenta como su ropa se enganchaba de distintas partes, unas cedían por estar fabricadas de algodón, sus pantalones y ropa interior, que al despedazarse hacían que su cuerpo quedara a cada momento más y más desnudo, su mente nublada no le permitía pensar. Clorinda, no sabía cómo acercarse al verlo en esa facha, nalgas al aire. Nachito, que no sé de donde apareció, le arrancó de un manotazo el sweater al novio, liberándolo. Luego, Óscar temeroso y mirando para todos lados, con sus manos puestas en sus partes íntimas, se tiró por las piedras hacia donde le mostraba Nachito con su dedo, la senda junto a la orilla del cerco, para evitar miradas curiosas y burlescas.

Los padres de Clorinda junto al capataz, que habían visto todo, sonrieron al ver, de lejos, una sombra desnuda en dirección al cobertizo donde estaba guardado el automóvil de Óscar. El capataz comentó triunfante: —nuevamente gané la apuesta patrón. Si no hay caso esos pitucos no sirven para el campo. Mañana sacaré al toro y lo llevaré a los pastos del otro potrero—. El patrón lo miró sospechoso…

   —¿A ver, a ver don Tino, no me dijo que el toro estaba en la quebrada, bien seguro, para evitar desgracias? —inquirió. 

   —Si patrón, pero alguien abrió las trancas.  

Presuroso llegó Nachito al grupo y dijo:

   —¿Y? ¿Cómo lo hice patrón? Ya soy grande, puede confiar en mí, hice exactamente lo que me dijo. Me fui sin que nadie me viera, bien escondidito y abría las trancas de la quebrada. —comentó con carita contenta.

   —Ay Nachito, pero… ¡Otra vez te equivocaste!, no escuchaste bien. Eran las trancas de la quebrada chica donde se encierran las ovejas, te dije clarito: “Vete a cuidar las ovejas y abre las trancas”, para que las ovejas subieran la loma y pastaran por esos lugares, así corretearían a los novios para la casa. —dijo. —Y continuó, casi pasa una desgracia, pero bueno, anda a ver tu abuela Elcira que ya se marcha. 

Nachito caminó hacia la casa pateando piedras, junto a su perro Turpín. 


Fin

 

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5/31/2022

MAGIA EN LA RUTA DEL COCHAYUYO

 

Marcha tras el chirrido de los ejes de su carreta el viejo Mañungo, querendón de la tierra, vestido con ropajes sencillos que hacen ligero su andar, garrocha al hombro cuenta sus pasos en trechos cortos, para entretenerse, sus pies calzados con gruesas ojotas y en su cabeza una gran chupalla de paja; silba de manera particular a su yunta de bueyes para apurar el tranco así la carreta desliza sus pesadas ruedas por blando suelo polvoriento para luego avanzar por largo tiempo en el redoblar del duro pavimento.

   Por ese camino eterno, continúa con el paisaje a sus espaldas, su puerto, que derrocha frescura por agitados oleajes salobres que en lejanía se confunden, en cada movimiento, con ocres matices de ciudad.

   Mañungo sigue la huella ancestral y piden al buen Dios lo acompañe en el recorrido de hasta ochenta kilómetros en visita por varios pueblos hasta llegar a la capital; viaje que emprende junto a familiares. Con sus carretas colmadas de paquetes de Cochayuyo oscuros y secos, que manos laboriosas han trabajado con brío durante el año y esperan su venta sea la recompensa para rellenar sus alforjas con mercadería para varios meses.

   El día generoso se desliza y derrite el tiempo, lentamente la noche con su secreto manto los alcanza. Una levantada de garrocha anuncia la frenada, miran el entorno y se acomodan en preparación de su merienda, con el cielo tachonado de estrellas como techo. De madrugada, después de reparador descanso continúan su lenta marcha.

   Al llegar a lugar de destino presentan esta joya del mar. Más conocido como Cochayuyo también se le denomina, Cochaguasca, Cachiyuyo o Colloi. Exquisita alga comestible rica en yodo que, al natural, es de cuerpo oscuro y escurridizo de largos brazos, cilíndricos y ahuecados tentáculos, como verdaderos látigos de más de diez metros. Una vez ubicado es arrastrado hasta sus hogares en donde es lavado, medido, cortado en trozos de cuarenta centímetros de largo por veinte de circunferencia que amarrarán para hacer atados, oscuros o rubios. Una delicia para cualquier casa donde se cocine por sus grandes propiedades alimenticias, beneficiando la salud, reducir el colesterol, acidez estomacal, energizante, controlar el peso, para el hipotiroidismo y mucho más.

   Innumerables son los platillos ejecutados con este producto, entre los que tenemos: empanadas, guisos, sopas, puré, croquetas, ensaladas.

 

En brillantes arenas, individuos, doblegan su espíritu y su carácter, en la recolección de este producto que les entrega el mar. Las orillas costeras se cubren de recolectores que recorren las playas apremiando al mar regale su fruto que dará de comer a millares de familias.

Estoicos siguen ancestrales huellas, curvadas sus espaldas y forradas de añosos tiempos; sus manos llagadas por la sal de mar adherida por masiva recolección de este genuino manjar que tenazmente enriquece costas en lugares fríos de fuerte oleaje o a poca profundidad, ya desprendidos de las rocas quedan tapizando playas completas, riqueza del hombre sencillo que se ha alimentado y que ha vivido de ellas por miles de centenas en nuestras costas sureñas del gran pacífico.

 

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MARCHITO PASAJERO SIN DESTINO

  De lo profundo de mi pecho nace un grito que se eclipsa en el ocaso de mi vida, inútil esperar tú estimulo anhelado.           En lejanía ...